¿Sabías que está en el Congreso de la Nación la Ley  para construir la Red de Autopistas libres de peaje  y rehabilitar nuestros ferrocarriles?
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SOLUCIÓN ESTRUCTURAL:
LA RED FEDERAL DE AUTOPISTAS (R.F.A.)


Mapa de la Red Federal
de Autopistas

 
1. La cuarta red del mundo
2. ¿Qué regiones del territorio integrará?
3. El carácter Federal de la Red de Autopistas: Unir todo con todo
4. Serán libres de peaje y sin costo presupuestario para el fisco
5. La tasa vial
6. Duración de la tasa
7. Mantenimiento     
8. Poder de policía     
9. Diferencias con los históricos fondos específicos de Vialidad Nacional
10. Propuesta de reestructuración de la política vial 
11. Los ferrocarriles y la generación del '80
12. Ingeniería financiera de la Red Federal de Autopistas
13. Decisión política
14. Las ideas están maduras
15. El respaldo unánime de las provincias
16. Jurisdicción Nacional de la Red de Autopistas
17. Dos formas de concretar las decisiones
18. Costo de los accidentes para las compañías de seguro
19. ¿Cómo evolucionó la tasa de siniestralidad en Estados Unidos?
20. Autopistas en los países emergentes
21. Ejemplos argentinos de solución estructural   
22. Educación vial y autopistas inteligentes
23. Proyecto de Ingeniería
24. ¿Cuál es la rentabilidad social del proyecto?    
25. Bitrenes en la Red Federal de Autopistas  
26. Impacto ecológico   
27. Urgente necesidad de aprobar el marco institucional  
28. El binomio del transporte   
29. El riesgo está en el tránsito     
30. KEVIN SEDANO: Argentina; KEVIN FARR: Estados Unidos. Dos casos similares; dos justicias diferentes
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28. El binomio del transporte spaceranteriorspacersiguiente

Todo sistema de transporte es un binomio: el vehículo y la infraestructura que le sirve de apoyo. Para que un transporte sea eficiente y seguro es necesario mantener una coherencia entre ambos. Si pusiéramos a circular un tren bala en las actuales vías férreas a Mar del Plata o Rosario, descarrilaría a los pocos minutos. Un barco no podría llegar a puerto si el calado fuera insuficiente o las dársenas inadecuadas para su amarre. Un Jumbo no podría aterrizar en una pista corta.
Sin embargo, la gran versatilidad del automóvil nos ha acostumbrado a exigirle que nos transporte con eficiencia y seguridad aún sobre infraestructuras precarias. El automotor es capaz de circular a campo traviesa, sobre terrenos escabrosos y caminos de tierra o en las condiciones de alta peligrosidad de nuestras angostas rutas de la muerte. Esto nos ha hecho perder conciencia sobre la necesidad de que la infraestructura del automotor tenga las condiciones suficientes para garantizar un tránsito seguro. Con una infraestructura deficiente, el resultado final es catastrófico.

No se puede pretender seguridad vial cuando nuestras carreteras troncales son angostas y por ellas se cruzan a alta velocidad y a pocos centímetros, separados por una raya de pintura, enormes vehículos de carga, ómnibus y velocísimos automóviles que deben además atravesar cruces urbanos y a nivel con otras carreteras y vías férreas y superar infinidad de curvas peligrosas.

Como ha dicho con acierto el diario La Nación en su editorial titulado: El gran tema de la inseguridad vial, del 23 de julio de 1997:

…en el caso específico de las rutas se ha insistido hasta el cansancio en subrayar su obsolescencia y su falta de adecuación a las exigencias requeridas por un flujo de tránsito cuyo incremento paulatino es cuantioso y sostenido. Los trazados viales de nuestro país son, por lo general, estrechos, deficientemente pavimentados, dotados de banquinas angostas y casi siempre intransitables, y mal señalizados e iluminados. Situación anacrónica que demanda urgente corrección y que se pone de relieve, por contraste, cuando se toma en cuenta la disminución de los accidentes en aquellas vías que han sido modernizadas; por ejemplo, en las autopistas metropolitanas y en la Ruta 2.

El desequilibrio de este binomio es muchísimo más costoso que construir la Red Federal de Autopistas. Como vimos antes, sólo en accidentes perdemos 5.000 millones de dólares anuales*. Este monto duplica la inversión anual que se requiere para revertir la situación. Además, la geografía de nuestro país facilita enormemente la construcción de carreteras optimizando sus costos que son la décima parte de los de países montañosos como Italia. Esto influye decisivamente para que el costo de la vía sea muy bajo en relación al vehículo.

Ponderando el coste integral del parque automotor llegamos a una conclusión sorprendente: el vehículo representa el 97 % del costo total del binomio y la R.F.A. para todo el país, apenas el 3 %. En 20 años el costo de la R.F.A. es la mitad que el costo de los neumáticos en igual período (Fuente: 10.000 km de autopistas por 10 centavos, Guillermo Laura, pág. 42).
Entre tanto, en el tren bala la relación es inversa: el tren vale 10 % y la vía 90 % según datos del tren AVE entre Madrid y Sevilla (op. cit. pág. 38).





En síntesis: el costo de la R.F.A. es irrelevante para los usuarios y se paga sin sacrificio por medio de la tasa vial con una única condición: que los fondos no se desvíen.
El nuevo modelo de gestión lo garantiza porque los fondos no ingresan al erario público y sólo empiezan a cobrarse cuando la obra está concluida y la meta ya fue alcanzada.


* Fuente: Rafael Balcells, Presidente de la Asociación Argentina de Carreteras. Revista CARRETERAS, agosto / 1995, página 13.





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