La R.F.A. tendrá un efecto ecológico ampliamente positivo, sobre todo con respecto a la actual red troncal. El balance atmosférico será casi perfecto ya que los 12 millones de árboles con los que se forestará todo el recorrido absorberán las emanaciones de CO2 de los vehículos. Tendrá la escala de un enorme Parque Nacional de 200.000 hectáreas con especies típicas de cada región. Los árboles fijan el carbono y liberan el oxígeno depurando la atmósfera.
Por otra parte el flujo libre de las autopistas reduce sustancialmente el consumo de combustible. Con relación al ciclo urbano normal, las autopistas disminuyen el consumo de combustible un 40 %: habrá una marcada reducción del consumo de combustibles fósiles no renovables y se mitigará la emisión de contaminantes que serán absorbidos por la intensa forestación de la Red Federal de Autopistas.
A su vez las circunvalaciones liberarán de millones de vehículos a los cascos urbanos de 1.150 ciudades, mejorando sustancialmente su ecología. Ver Circunvalaciones Urbanas.


Desde una óptica más general la ecología busca un ambiente más sano y equilibrado para los seres vivos, en especial para el hombre. Es válida la lucha para mitigar la contaminación y el efecto del recalentamiento. Esto se mejora con la absorción "in situ" de las emanaciones de los vehículos a través del proceso de fotosíntesis.
Protegeremos nuestros pulmones que son esenciales para la vida. Pero no olvidemos que lo más importante es la vida misma de los seres humanos. Nos referimos a la vida completa, a la vida integral, la que incluye todo nuestro cuerpo, toda nuestra mente y que significa la existencia de un ser vivo en su totalidad y no sólo a pulmones más limpios. Si, como está demostrado, las autopistas inteligentes evitan 7 de cada 8 muertes en ruta, la contribución que hacen a nuestra ecología y específicamente a nuestra supervivencia es formidable.
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