En Olivos, sobre la Avenida del Libertador, el joven Kevin Sedano fue atropellado por otro joven, Eduardo Sukiassian, quien lo dejó abandonado y se dio a la fuga. Una semana después Kevin murió. Tras años de lucha tenaz de su madre Viviam Perrone y de la Asociación Madres del Dolor, Sukiassian fue juzgado, declarado culpable y condenado a tres años de prisión efectiva. Dos meses después de la condena, los mismos jueces decidieron beneficiarlo con la prisión domiciliaria que en la práctica equivale a eximirlo del cumplimiento de la pena.
En el condado de Hillsborough, Florida, Estados Unidos, el 7 de julio de 1996, Farr, el otro Kevin, iba conduciendo su auto en compañía de sus amigos Randall White y Brian Hernández. Al atravesar una esquina de la calle Pinecrest, estos tres jóvenes de 18 años fueron atropellados por un semi-remolque y murieron. El choque fatal se produjo porque en una de las calles del cruce (Pinecrest) faltaba la señal de STOP, ante lo cual Kevin Farr prosiguió su marcha confiadamente, como es norma en los Estados Unidos*.
La inmediata investigación del hecho trágico comprobó que, la noche anterior, la señal de STOP había sido arrancada por otros tres jóvenes, Thomas Miller, Chris Cole y Nissa Baillie. Los tres fueron detenidos, juzgados por homicidio simple y condenados por el Gran Jurado, a quince años de prisión efectiva.
Extraña coincidencia: dos jóvenes de la misma edad y del mismo nombre compartiendo un mismo destino trágico:
morir en la flor de la edad en un siniestro de tránsito.
Enorme diferencia: la reacción de las instituciones. Mientras la justicia de nuestro país ni siquiera hizo
cumplir una pena de escasa entidad (tres años)**, la justicia de Estados Unidos aplicó todo el peso de la ley con severidad draconiana y, al mismo tiempo, envió un mensaje ejemplar a toda la sociedad.

* Fuente: http: //www.cnn.com/US/9706/201 stop sign/index.html.
** Fuente: La Nación del 30 de mayo de 2007. |